reconoce sus orígenes

CARNE BLASFEMA

Parrillada atea en Viernes Santo

“Todas las grandes verdades comienzan por ser blasfemias”

--George Bernard Shaw

Publicado: 2015-04-04

Desde hace unos años, grupos de ateos en todo el mundo realizan parrilladas durante Semana Santa, en especial el viernes. ¿Por qué hacen eso? 

Hablar de este asunto requiere entender lo que se concibe como “respeto” y “blasfemia”, solo luego se podrá comprender por qué se ha vuelto casi una necesidad de los ateos organizar parrilladas en estas fechas.

RESPETO A LAS IDEAS

El respeto es la veneración o acatamiento hacia alguien, también es una especial consideración o deferencia por alguien. La palabra importante aquí es “alguien”. En otras palabras, el respeto se aplica solo a las personas. Únicamente las personas tienen derechos. Uno de sus derechos es tener ideas y poder expresarlas. Pues bien, los creyentes tienen el derecho de tener fe en uno o más dioses, tienen el derecho de considerar sagrados objetos, normas y días, pero no tienen derecho a obligar a que las demás personas consideren sagrados sus objetos, normas y días. Las ideas no tienen derechos. Es imperativo no respetar las ideas. 

INQUISICIÓN Y NAZISMO

¿Qué hubiese pasado si desde los albores de la humanidad se hubiesen respetado las ideas? En realidad, eso ha sucedido en varias épocas, por ejemplo, durante la Edad Media y el imperio de la Inquisición.  

Cuando las ideas valen más que las personas, la vida humana pierde sentido. Los dogmas fabrican seres anhelantes de muerte: la suya (martirio) o la del enemigo. Las víctimas se convierten en números a favor, un saldo suculento que engrandece al dogma.

Otra época oscura fue el nazismo. El Holocausto nos causa repudio y nos lleva a meditar acerca de lo que una persona es capaz de hacer por su fanatismo, pero esas reacciones solo son posibles porque hay innumerables documentos que son periódicamente difundidos.

Sin embargo, si se piensa en la Inquisición, no son muchos los que sienten la misma repulsión, incluso hay quienes niegan las muertes a manos de la Iglesia. Pero fueron reales, muy reales y tan o más espantosas que las infligidas por los nazis; es más, ellos copiaron muchos de los tormentos de la Inquisición.

La pregunta es ¿por qué no causa tanto repudio la Inquisición? A pesar de los documentos que sustentan la masacre, la Iglesia ha logrado impedir una difusión adecuada, de la misma manera como ha logado detener la difusión de su participación activa en el Holocausto. Sí, el Vaticano y el Papa oficiaron misas y rezaron por Hitler, difundieron el nazismo y protegieron a los verdugos luego de la guerra.

BLASFEMIA EN VIERNES SANTO

¿Qué tiene que ver todo eso con la parrillada blasfema? Mucho. La blasfemia es la respuesta más básica a la imposición ideológica. Blasfemar es burlarse de una idea, desacralizarla, negarle el derecho al respeto; es decir, quitarle poder. Obviamente, esto no funciona con los creyentes: ellos jamás sentirán menos respeto por sus ideas ante una blasfemia, pero saben el peligro que entraña. Quienes no comparten sus ideas, pero callan, sentirán que pueden expresarse. Y no son pocos, solo que están ocultos por miedo. El poder del dogma está en el miedo.

Comemos carne en Viernes Santo porque somos blasfemos, porque no tenemos miedo de expresar nuestras ideas, porque los dogmas nos parecen dañinos y, finalmente, porque podemos hacerlo después de dos milenios de opresión.

EXCOMUNIÓN POR BLASFEMIA

Ya no nos pueden quemar ni pueden quitarnos propiedades. Pero nos pueden excomulgar y lo más irónico de todo es que no desean hacerlo. Hemos pedido nuestra excomunión (apostasía) y nos la han negado. ¿Por qué? Los motivos son políticos: si aceptan, pronto habrá más personas que la soliciten y en poco tiempo, la Iglesia verá que su número real de fieles es sustancialmente inferior al que enarbolan para transar con el gobierno.

Contar oficialmente con menos fieles le quita valor al Concordato (tratado entre el Vaticano y el Perú mediante el cual, nuestro país se compromete a mantener económicamente a sus jerarcas, a no cobrarles impuestos y otras gollerías) y eso resulta ser un gran dolor de cabeza para Cipriani. 

La parrillada blasfema es un símbolo de la disconformidad con el imperio de la Iglesia en el Perú, con la imposición de su moral y con sus manejos políticos que involucran nuestros impuestos.

Los católicos tienen el derecho a no abortar, a tener relaciones sexuales solo dentro del matrimonio, a sentirse culpables si son homosexuales y a muchas cosas más, pero no tienen derecho de imponer nada de eso al resto, por eso necesitamos un Perú realmente laico.

Señor Cipriani, desde aquí me declaro blasfema y pido mi excomunión. ¿Se atreverá?


Escrito por

Doriss Vera

Literata y educadora


Publicado en