quiere algo sostenible

rpp y sus problemas existenciales sobre la libertad de información

RPP, CHARLIE HEBDO Y LA LIBERTAD DE INFORMACIÓN

Cuando las preguntas dicen más que las respuestas

La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.

--George Orwell

Publicado: 2015-01-10

RPP, la radio con más influencia en la opinión pública peruana, plantea una pregunta y se desata un escándalo en las redes. La pregunta no solo desvela un tufillo de justificación a los atentados sino que tiene sus bases en la línea religiosa de la emisora. 

RPP se cuestiona sobre el límite de la información y la sátira y tiene la libertad de hacerlo, incluso cuando sea poco ético y se contradiga una vez más con sus supuestos principios liberales.

Me pregunto cuál es el límite de la información para RPP. ¿Tal vez un telefonazo del cardenal? ¿o de un presidente corrupto que renuncia por fax? También me pregunto cuál es su límite de la sátira. ¿Tal vez el límite máximo es su programa “Los chistosos” que ha servido de plataforma de limpieza de cutis para muchos políticos? Y sigo preguntándome: ¿qué diría RPP si una ley intentaría limitar su libertad?

Resulta obvio que RPP en realidad no quiere poner en tela de juicio SU libertad de información, sino la de Charlie Hebdo y otras publicaciones críticas. Sí. No les incomoda la libertad que ellos tienen, sino la que practican quienes no concuerdan con su posición. Y la posición de RPP es religiosa. Hace muchos años tiene dos programas católicos a la semana: un sermón del cardenal Juan Luis Cipriani el sábado y un comentario sobre el evangelio el domingo desde el que se ha enfrentado al aborto por violación, la unión civil y la repartición de preservativos a adolescentes.

Ese es el quid del asunto y la pregunta clave es ¿por qué RPP se cuestiona sobre la libertad de información en este caso? La respuesta es muy sencilla: porque esa libertad cuestionada se vincula con intereses poderosos de su aliado Cipriani y la iglesia católica. Es fácil deducir que si RPP condenara totalmente el atentado y defendiera la libertad irrestricta de expresión de Charlie Hebdo, estaría defendiendo el derecho a la sátira (incluso la sátira religiosa, es decir, la blasfemia). Entonces, condenar tajantemente la acción de los musulmanes radicales implicaría cerrar todas las puertas para que la iglesia condene a la blasfemia.

Una de las consecuencias más irónicas que ha traído el terrible atentado es que la derecha más bruta y achorada se ha vuelto a dar la mano con la caviarada en la relativización del derecho a la libre expresión. Su premisa es moralmente pobre y escandalosa: “Ellos se lo buscaron por no respetar a la religión”.

No, señores, ellos no se lo buscaron, así como un niño que sonríe a un sacerdote no busca ser violado. Ninguna palabra, ninguna imagen –así sea satírica o intelectualmente insultante– justifica la muerte de su autor. Aunque, si de discursos intelectualmente insultantes habláramos, lo más probable es que muchos periodistas ya hubiesen sido ajusticiados.

Lo que debería cuestionarse en los medios es el papel que las religiones han jugado en el poder o la cantidad de masacres que han desatado y siguen desatando, o la influencia perniciosa de todas las ideologías dogmáticas, desde el catolicismo y el islamismo hasta el fascismo y el comunismo de Sendero.

Que un medio de información se pregunte si una sátira religiosa debe tener límites ya dice mucho de su línea periodística. RPP olvida que los derechos son HUMANOS no de las ideologías y que las ideologías pueden y deben cuestionarse, aunque para ellos solo deban cuestionarse las que le son incómodas… Y la burla es la crítica más pequeña, pero a la vez más peligrosa para los de pensamiento fascista. Es más peligrosa porque tiene la facilidad de ser comprendida por todos los públicos, porque se expande con mayor rapidez, pero sobre todo porque daña la credibilidad y el aura de intocables de sus representantes.

La risa no solo es una caricia emocional para las personas, es también el arma mortal de los totalitarismos y el inicio de la madeja que culmina en un discurso elaborado y divergente.


Escrito por

Doriss Vera

Literata y educadora


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