dialoga en Lima y en Loreto

No pienses tanto

Entrégate sin miedo a dios

"No quiero creer, quiero saber"

Carl Sagan

Publicado: 2014-11-13

Entre los comentarios de un artículo que publiqué hace unos días, un comentarista me escribió:

https://laicismo.lamula.pe/2014/11/10/a-mi-amigo-pedrito/dorissvera/

Me quedé atónita leyendo y releyendo su comentario. Esas ideas ya las había leído y escuchado tiempo atrás, pero nunca todas juntas, por eso decidí responder no solo a ese señor, sino a los que piensan como él. 

Deja de pensar

Cuando un creyente me responde esto nunca provocará que me “arrepienta”. Es probable que “no pienses tanto” sea un consejo aceptado por algunos creyentes; sin embargo, para mí resulta una afrenta a mi dignidad pues equivale a rechazar una característica que me define como humana y que uso para ejercer mi libertad… además de ser imposible, a menos, claro está, que sufra un daño cerebral. Incluso este señor está pensando. Entonces, no se refería a ‘pensar’, sino a ‘cuestionar’.

Especialmente en las religiones monoteístas, existen mitos y tratados (desde Tomás de Aquino hasta Benedicto XVI) sobre los castigos a quienes cuestionan. El problema radica en que los dogmas de fe no resisten los cuestionamientos si se les confronta con la experiencia y la lógica. Por eso resultan tan peligrosos y punibles, es decir, se les teme.

No es miedo lo que me impide dejar de cuestionar, lo que pasa es que ya es demasiado tarde. Si de pequeña me hubieran castigado cada vez que opinaba, me hubiera acostumbrado a no hacerlo pues asociaría el cuestionamiento con el castigo (exactamente como sucede en los mitos bíblicos y es el mensaje de tratados teológicos).

El cuestionamiento surge de la curiosidad que es innata al homo sapiens y otros animales (quien tenga una mascota lo podrá comprobar). Preguntar todo el día “¿por qué?” incluso es parte de una etapa de nuestra infancia, que se aprovecha para aniquilar esta capacidad.

Abandónate

Si se analiza las implicancias del abandono de uno mismo a cambio de amor, resulta una muy mala transacción. Ningún tipo de amor vale tanto como para pagar con lo que uno mismo es.

Esto será imposible de aceptar para muchos creyentes, por eso me explicaré: si alguien exigiera la renuncia de uno mismo como prueba de amor, estaría impidiendo que se le ame, puesto que el amor –no hablaré acá sobre sus bases químicas– solo puede ser real cuando es voluntario. En consecuencia, quien exige, estaría mermando toda posibilidad de ser amado, pero crearía una dependencia emocional (frecuentemente confundida con el amor) que, claro, le beneficiaría. Cuando esto se traslada a la religión, es sencillo comprender el inmenso poder que tienen los representantes de los supuestos dioses.

No seas orgullosa

En realidad, ‘orgullo’ no es el término. Si el comentarista revisa la Teología, se dará cuenta de que se trata de ‘soberbia’, un pecado capital que se toma como el atrevimiento de cuestionar a dios y los dogmas. Antes de Gregorio Magno, eran ocho los pecados capitales pues se diferenciaba la vanidad (u orgullo), que “atenta” contra el “prójimo” de la soberbia, que “atenta” contra Jehová.

En ese caso, sí, soy soberbia porque considero que ningún dogma está sobre mí (espero que me excomulguen por esto). 


¿Quieres pecar?

No, no quiero pecar porque esa palabra no tiene sentido para mí. Yo no actúo en función de premios ni castigos post mortem. Mi ética se basa en evitar dañarme a mí y al resto. ¿Se parece mucho al “ama a tu prójimo como a ti mismo”? Pues sí, pero la idea que subyace a esa frase es mucho más antigua que ella: forma parte de la ética humana y, según recientes estudios, la base ética es evolutiva.


Nuestra vida se trata de lo que dios quiere para nosotros

Si eso es lo que el comentarista ha decidido creer (recalco lo de ‘decidido’), bien por él. Solo me gustaría recordarle que lo mismo dicen los musulmanes, judíos, evangélicos, católicos, mormones, etc. Y todos tienen distintas concepciones de los que su dios quiere.

Mi vida no tiene nada que ver con lo que él ni nadie crea que su dios quiere de mí.


Tienes un problema con tu padre

No ahondaré en esto, pues se trata de una falacia de muy poco mérito: ad hominem. Recomendaría a quienes piensan como él, informarse un poco sobre falacias.


Bendiciones

Esto amerita todo un artículo, así que lo dejaré para más adelante.


Escrito por

Doriss Vera

Literata y educadora


Publicado en