Yo me quedo en casa

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DIOS NO HA MUERTO

Dios sigue matando

Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo no gozo de buena salud.

―Woody Allen

Publicado: 2014-06-24

Soy atea, pero desde ahora y para siempre declaro que existe dios. Sí. ¿Cómo no va a existir? Vemos a cada instante sus obras. Sus obras hablan por él.  

¿Papa Noel existe? Sí. ¿Batman existe? Sí. ¿Satanás existe? Sí. ¿Zeus existe? Sí. Pero no me he vuelto loca (y sigo siendo atea). Entonces, ¿en qué sentido 'existe'?

La existencia de un objeto A no implica que A tenga vida, así como tampoco que A sea tangible ni que sea real. Es suficiente con que A sea una idea. En ese sentido, dios (o los dioses) existe. Todavía no han muerto –a pesar de las mejores intenciones de Nietzsche- y dudo que alguna vez mueran.

Tomemos al dios cristiano. Es un dios vivo, es decir, está vigente; mientras que Zeus es un dios muerto, pues ya nadie cree en él. ¿Pero este dios cristiano vivo es bueno? ¿Es buena su religión? ¿Es bueno tener un dios y una religión? Después de todo, la religión y muchos creyentes realizan innumerables obras de caridad. Su dios tiene que ser bueno y poseer una religión tiene que ser bueno… o por lo menos no debe ser dañino, ¿o no?

Sostengo que dios mata, y mata con violencia y regodeo. Muchos dirán que no es dios, sino los creyentes, pero a esos les responderé que están cometiendo una falacia de ambigüedad: yo digo que dios existe, pero como idea y ellos dicen que existe como sujeto.

La idea de que existe un dios ha matado y continúa haciéndolo. Entre seres racionales no es de esperar que una idea ―en especial tan violenta que implique la propia aniquilación― cale profundamente en la mente de una colectividad. Pensemos en los cruzados y en los talibanes. ¿Quién en su sano juicio aceptaría todo eso si el beneficio no lo verá? Solamente queda una población que cumpliría los requisitos: los militares. Ellos conscientemente exponen su vida por su patria.

En común, los fanáticos religiosos y los militares tienen que mueren por una construcción mental (dios y patria, respectivamente), pero hay una gran diferencia: los familiares y el acervo genético de los militares está en riesgo si no luchan por la defensa de ellos. Su patria es la idea abstracta de su territorio, es decir, de su posesión tangible. En realidad la patria es de todos nosotros (es una posesión colectiva). En teoría, si ellos no luchan, los demás morirán o se verán seriamente afectados.

Con los religiosos no es así: nadie está amenazado realmente. La amenaza es una construcción ideal (el infierno). Se llega al infierno por cometer pecados. Pero resulta que muchos pecados son delitos (a excepción de comer carne ciertos días, vestir ropa con diferentes hilos, y muchos etcéteras), es decir, dañan a otra persona. Y los delitos son castigados por la justicia. Ergo, para los actos que realmente afectan a otro individuo hay una solución secular muy bien construida (que tenga vacíos o que no se cumpla es otro tema).

Entonces, ¿qué puede hacer que aún así quieran matar y dejarse matar en nombre de su dios? Obvio: el premio más allá de la muerte. Pero para que esto sea creído se requieren ciertas condiciones: a) la anulación de todo vestigio de crítica, b) el inmenso terror infundido y c) la creencia de la necesidad de alguien que oriente y salve. Y esos son los problemas.

Cuando se anula el criterio propio, se prepara un camino llano para que todo tipo de ideas se inserten en el colectivo. Las ideas, por más descabelladas que sean, resultarán verosímiles dentro de la "lógica" dogmática. Y, como una de esas ideas es el infierno, se desata un miedo inconcebible. La gente mira a sus familiares y "lógicamente" teme por ellos. Ahora me limitaré a los creyentes que actúan con buena intención, porque de los curas violadores, de los que hacen fortuna y otros más se necesita varios artículos adicionales.

Al ser el humano, por naturaleza, empático, los creyentes bien intencionados comienzan a temer hasta por las almas de quienes no conocen. Muchos realmente quieren salvarlos pues se sienten poseedores de la verdad. Sin embargo, resulta que los demás o también se creen poseedores de otra verdad ―diferente― o simplemente no creen que se pueda tener una verdad o constantemente revisan sus conceptos catalogados como verdaderos.

El "amor" por el prójimo y la dualidad alma-cuerpo los lleva a elegir: "O los salvamos ahora matándolos o torturándolos a los que no quieren salvarse convirtiéndose 'por las buenas' o se condenan eternamente". Ese dilema lo resuelven con su fe ―claro que también ayudados por creyentes con mentalidad mucho más "mundana"― y optan por la violencia.

Poco a poco se instala y se justifica una idea violenta a partir de una idea aparentemente inocua. Como ellos mismos sienten que solos ni pueden salvarse ni pueden salvar a los demás, recurren a un salvador omnisciente y actúan en su nombre.

Una vez que la religión ha "instalado" el “programa” que combina dogmatismo + terror + salvador, ya es difícil sacarlo del cerebro y del colectivo. Ese programa "corre" no solo con la religión, sino con muchas otras doctrinas. Por ejemplo, el dogmatismo de Sendero (que es mesiánico) y la dictadura de Pinochet (que también es mesiánica).

Si no hubiese ese "programa", la gente respondería de otra manera a semejantes absurdos. Como están preparados para no criticar sino para creer, creen. ¿Pero en qué creen? Pues en lo que dice alguien que los salvará del terror que tienen.

Basta con analizar la "lógica" de un creyente y la de un senderista. Es similar, por no decir idéntica. Varían solo los accesorios y personajes. Pero el fondo es el mismo. Los senderistas se creían poseedores de la verdad absoluta y los conductores mártires hacia su realización. Su paraíso está acá, pero en el futuro. No sentían la presencia espiritual de un ser sobrenatural porque ya lo tenían frente a sus ojos (para los senderistas era Abimael, para la derecha chilena era Pinochet). ¿Cómo podrían pensar que Abimael y Pinochet se equivocarían? ¡Y pobre del que se atreviera a hacerlo y peor a decírselos! ¡Morían! (lo que me recuerda a la Biblia).

Muchos me replicarán: “¿Pero qué tiene que ver dios con Pinochet y Abimael? ¿Acaso dios creó a Sendero y se instaló en la cabeza de Pinochet o guio su mano asesina?” Y yo les responderé que así su dios sea un sujeto o una idea, ningún creyente podría ni afirmar ni negar si su dios creó o no a Sendero ni si ayudó o no al golpe de estado chileno. Podría ser que se tratase de un ardid divino, uno de sus misteriosos motivos para probar al pueblo peruano y al chileno. Quién sabe. Pero como yo soy atea, definitivamente no me pasa por la cabeza que pudo haber sido un dios-sujeto. Sin embargo, los creyentes sí tendrían varios motivos para sospechar que sí lo hizo su dios-sujeto. Bastaría con que recuerden cómo “endureció” el corazón del faraón para que no dejara salir a Moisés de Egipto y cuántos murieron. Me parece que fueron unos cuantos miles. Y ese es solo un ejemplo. En la Biblia pueden encontrar muchos otros ardides misteriosos para probar a la humanidad o a un individuo, como al pobre Job.

Pero imaginemos por un momento que el dios-sujeto existe y que es pura bondad (claro que debemos hacer un enorme esfuerzo si tomamos como ciertas las palabras bíblicas). En ese caso, definitivamente el dios-cristiano-sujeto no habría creado ni a Sendero ni hubiese puesto ideas genocidas en la cabeza de Pinochet.

Es aquí donde entra a tallar el dios-idea. Las ideas “instaladas” por la fe en él permiten que se genere el ambiente propicio para la justificación de la muerte del resto (Sendero y Pinochet) y la propia (Sendero).

A esto me replicarán los creyentes ―y no es que sea adivina u omnisciente, sino que ya lo han hecho― que su dios-sujeto, ese al que sienten es puro amor, que lo conocen porque se han “conectado” con él y que los malos son los otros, esos que no interpretan bien a su dios.

¿Sientes a dios en tu corazón? ¿Cómo sientes que es tu dios? ¿Lo hubieses sentido de la misma manera si hubieras nacido en otra cultura? ¿Cómo lo hubieses sentido si fueras hindú? Imagino que ya sospechan hacia dónde voy.

Lo que uno siente, como lo que percibe, es subjetivo. Para ser catalogado como real, requiere una comprobación externa. Y no cuenta como comprobación externa lo que otros sienten o perciben, sino que sea medible.

Cada creyente puede sentir el dios que quiera, es su derecho. Yo fui catequista. Sí, fui catequista de comunión y confirmación. Pero llegó un momento en que me di cuenta de que todos experimentaban a ese dios a su modo. Como había ingresado a la universidad, leí. Sometí mis sensaciones de dios a prueba y no la pasaron. Sometí las "pruebas" de su existencia a un mínimo análisis y no lo resistieron.

Pero es mi experiencia y los creyentes pueden creer lo que quieran. Lo que no pueden hacer es utilizar mal la lógica o argumentos que se basan en la subjetividad para defender su fe. Pueden creer ―si eso les hace bien― pero no pueden pensar que creer hace bien a todos. Si lo desean, pueden defender su fe, pero no la fe de los demás, pues tal vez estén defendiendo la violencia incluso si los demás creen en su mismo dios.

Los ateos activistas atacan no la fe personal, sino lo que la fe puede ocasionar. Y sí, digamos que los ateos no tienen el "alma" tranquila. ¿Cómo estar tranquilos si nos damos cuenta de lo que implica la fe, el dogmatismo y el fanatismo? ¿Recuerdan que hace unas líneas mencioné que los humanos somos empáticos? La diferencia es que es muy poco probable que un ateo mate creyentes para salvarlos de sí mismos.


Escrito por

Doriss Vera

Literata y educadora


Publicado en